Cuando hace calor, cada rayo de sol se te clava en la piel, poro por poro, abrasando cualquier señal de resistencia que opongas a desfallecer en medio del flamante asfalto, que parece destilar petróleo puro.
Andas, y el suelo se te hace tan escabroso como si no llevaras calzado.
A eso se le llama día rojo. No es especial por lo que pase- porque lo cierto es que no pasa nada especial- sino por cómo lo sientes. Todo te irrita, te incomoda y te aburres de la vida.
A ese día rojo lo siguen los días verdes, marrones, rosas, blancos, azules y negros, y algunos colores más como el pistacho, que yo no estoy en contra de especificar tonalidades, pero el verde pistacho no se parece para nada al color de un verdadero pistacho.