29.6.11

Se enajenó. Mucho. Necesitaba paliar su dolor desde hacía tiempo, pero como bien sabía no era posible, así que se limitó a tratar de transmitírselo a alguien.

¿A quién? No me lo contó. Me contó otras cosas, por ejemplo, que fue sencillo clavar sus sucias garras de harpía entre hueso y hueso, y arrancar un poco la piel para poder infectarle con el dolor que sentía. Pero ella seguía enferma de aquello, y él pareció algo entre inmune e indiferente. Quizás lo esté incubando... ojalá que no. Después de todo ella no quería. Fue un momento de éxtasis. Si bien pudo evitarlo, no supo cómo, o ni siquiera lo pensó. Porque acompañarla tan solo era envenenarse de su mal.

A veces trata de quemar la hiedra que envuelve su corazón. A veces baila entre esas llamas. A veces arde en esas llamas.

Fuego, fuego y fuego. Al final aburre, cansa... Joder, solamente quiere ser un poco de hielo: o que no le duela o que no le importe. De momento parece imposible. Ya le preguntaré dentro de unos meses a ver qué tal le va. Ojalá que no intente absorber a nadie más en su odio.

No hay comentarios: